martes, 28 de abril de 2009

¿Si Moyano subiese a un colectivo, Nestor K. le cedería el asiento?


Supongamos que usted está viajando en un colectivo de Samoa. Está sentado, leyendo uno de los libros que se trajo de argentina... Parada por favor. De repente un nuevo pasajero sube al colectivo de la isla. El hombre es “grande”, no de edad, sino de peso y lo mira fijo. Usted desvía la mirada por un instante para observarlo de reojo, pero rápidamente la vuelve a la lectura y se pregunta: “¿Se volvió loco este gordo, qué le pasa, quiere que le deje el asiento? Ni loco”, se responde, sin poner en duda sus pensamientos: “El que sube primero encuentra lugar y se sienta; el que sube segundo espera que algún asiento se desocupe. Es lógica. Es sentido común. Entonces que el gordo me saque los ojos de encima”.

Lamento comunicarle que usted, señor, está muy equivocado. Y que si quiere visitar Samoa, un punto insignificante en el mapa, debería antes aprender sus códigos, sus usos y sus costumbres, aunque sea informarse, porque allí las reglas no solo que son diferentes a las nuestras y a las de la mayoría del mundo, sino que se hacen para ser respetadas. En Samoa cuando un nuevo pasajero sube al colectivo, lo que importa es el peso. Si en la balanza es mayor, debo cederle mi asiento, y si tengo ganas puedo sentarme arriba de él. Esos son sus códigos… y funcionan.

¿Serán subdesarrollados por darle un significado diferente al uso del colectivo? O los que somos subdesarrollados somos nosotros que todavía no aprendimos que la vida social es una construcción, que por sí sola no es nada, que no tiene patas y no puede caminar. Que la realidad social cobra vida cuando los sujetos la investimos de sentido, la llenamos de contenido, la moldeamos. Es eso. Ni más, ni menos. “Hagamos una pausa y definamos sentido”, diría Eliséo Verón.

Ahora que aprendimos una de las normas de Samoa y que entendimos que el sentido que tienen las cosas está asociado a la subjetividad de cada nación o de cada cultura, no queda más que retomar nuestra pregunta inicial, que luego de haber sido sometida a la prueba empírica, estamos en condiciones de responderla… así que lamento comunicarte Nestor, pero en la isla de Samoa no te queda otra que hacerlo.



Stephanie Maia Hindi

lunes, 27 de abril de 2009

Pequeño Grondona ilustrado

En su columna dominical del diario LA Nación, esta semana titulada “Somos dos pueblos en una sola Nación”, Mariano Grondona, nos facilita un pequeño curso ilustrado sobre cómo organizar una nota de opinión coherente, estructurada y, claro, un poco manipulada.

Primero: comenzar con una textual fuerte y ampulosa de un indiscutido pensador. “Hace más de dos mil años Aristóteles señaló que, para que una democracia sea estable, debe prevalecer en ella la clase media.” No importa que haya que forzar todas las demás ideas para que ésta tenga sentido, ni que no se tenga en cuenta que Aristóteles fue el mentor de Alejandro Magno, uno de los más sanguinarios dictadores de la historia y destructor de la democracia ateniense. Tampoco remarcaré que la premisa de la frase es que la democracia sea estable y nunca explique la aparente inestabilidad de la nuestra.

Segundo: Exaltar una virtud extranjera y remarcar el fracaso en la región. “Sea en Europa, América del Norte, Asia u Oceanía, en las democracias estables de nuestros días predominan las clases medias. Pero éste no es el caso de América latina, en cada una de cuyas naciones cohabitan dos pueblos en vez de uno. ” Un clásico de importación de conceptos que se remonta a cuando Domingo Faustino Sarmiento viajó a Europa a buscar un Rey para establecer una monarquía en Argentina. Es vital utilizar ideas abstractas y no cuantificables como “democracia estable” para no tener que fundamentar la idea.

Tercero: Construir una dicotomía en las sociedades latinoamericanas entre la clase pobre y la media. Los estratos altos de la sociedad quedan fuera porque, como todos saben, no tienen ni influencia ni importancia en la política de un país. “El primero (de los pueblos), de clase media, responde a las características de las democracias desarrolladas. Pero también tenemos en nuestra región un "segundo pueblo", cercado por la pobreza.”

Cuarto: Formular una hipótesis tranquilizadora, que contenga las premisas expuestas, y que explique que los gobernantes que tenemos lo votaron los otros, los pobres. “Los gobiernos populistas de nuestra región, con Hugo Chávez a la cabeza, en lugar de elevar trabajosamente a los que están peor, han escogido explotarlos políticamente, convirtiéndolos en su base electoral”.

Y ya está: Aristóteles dijo que se debe tener una clase media fuerte. En los países “desarrollados” existe y en América latina no, entonces los gobiernos “populistas” de la región ganan elecciones porque, una vez en el poder, crean condiciones para que el segundo e indigente pueblo continúe hambriento y los siga votando. Facilísimo. Eso sí, no le pregunten a Grondona por qué cuando ganaron la primera vez ya había más pobres que clase media. ¿O es que lo que Mariano realmente quiere es tener un Gobierno que solo podría votarlo la clase dominante?

Debo aclarar que, como aprendí del mejor, quizás haya tenido que forzar algunos conceptos para que esta nota tuviera sentido.

Pablo Cosin